REFLEXIONES SOBRE EL OSCURANTISMO
XXI. El Poder y La Fuerza.
Cuando nos planteamos el problema del fundamento del Poder, surge inevitable la interrogante que se plantea San Agustín en :su Civitas Dei (La ciudad de Dios): "¿Sin la justicia qué serían en realidad los reinos sino bandas de ladrones?", complementando la idea con esta su otra, penetrante pregunta: ¿y qué son las bandas de ladrones sino pequeños reinos?.
Es evidente que el poder no puede ser legitimado a partir de la exhibición o la aplicación exclusiva de la fuerza. Se requiere algo más y en ese requerimiento está envuelto lo axiológico; es decir, el poder no puede justificarse a sí mismo si no es sobre la base de la legitimidad, proviniendo ésta ultima -en los tiempos que corren- de las leyes, de la observancia de la normativa positiva que hace posible, no sólo el acceso al poder, sino el desempeño del mismo.
Y en algunos países, como el nuestro, donde la fuente primigenia de la legitimidad es el pueblo, sólo el pueblo, a través de una manifestación libre de su voluntad, puede decidir acerca de la legitimidad, no sólo del origen, sino también del desempeño del poder.
Y es precisamente el pueblo, a través del voto, en este caso, quien puede decidir si en el país el poder actúa al margen de la justicia y se trueca en banda de ladrones; es el pueblo quien puede decidir si el poder respeta las dimensiones que de la justicia se consideran propias en nuestros días: la dimensión social, la dimensión política y la dimensión económica. Y el pueblo, de acuerdo con la Ley Máxima, la Constitución, está facultado para realizar ese escrutinio a mitad del período de cualquier gobernante, por poderoso que el sea o por poderoso que se considere, a través del Referendum Revocatorio. Quienes intentan impedir el ejercicio de esa facultad con triquiñuelas o con ridículos cuan costosos despliegues castrenses, se colocan en el lugar de la arbitrariedad, de la prepotencia y pasan a ser dictadores despreciables (y desechables).
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