REFLEXIONES SOBRE EL OSCURANTISMO
XII.Los linchamientos.
El linchamiento consiste en una acción de grupo dirigida a agredir a alguien de manera drástica hasta , eventualmente, causarle le muerte o graves lesiones; generalmente ocurre como acción de rechazo contra el delito cometido por el agredido. El nombre linchamiento posiblemente está ligado a la acción en el Salvaje Oeste de un juez muy severo, de apellido Lynch, que, apoyado en la población, llevó a la horca, sumariamente, a varios delincuentes. Hay quienes dicen que también puede estar relacionado con las acciones de un juez irlandés, también de apellido Lynch, que en su furor justiciero hasta hizo ahorcar a uno de sus hijos.
En todo caso, el linchamiento refiere a un acto ilegal: tomar la justicia en mano propia, especialmente por parte de turbas enardecidas, cansadas de la inacción de las autoridades o en estados de grave impunidad, como en el caso de Venezuela.
Ciertamente, el linchamiento, como acción de venganza popular y colectiva, parece estar substituyendo en nuestro país, en muchos casos, la acción de eso que llaman la justicia. . .
En los últimos tiempos, especialmente, de norte a sur y de este a oeste del territorio nacional, en busetas, colegios, mercados, estacionamientos, avenidas, etc. han ocurrido actos de linchamiento por parte de quienes toman venganza en los delincuentes sorprendidos in fraganti, con el saldo de varios muertos o de algunos gravemente lesionados por las golpizas que reciben de una población cansada de la acción del hampa, sin que el régimen acierte a poner en práctica alguna política de seguridad efectiva contra el atraco, el secuestro, el robo...a veces realizados por la propia policía u otro uniformado.
Cuando en una sociedad la justicia, la acción del Estado en la aplicación del derecho de castigar conforme a la ley (ius puniendi), es substituida por la acción colectiva de las turbas, estamos hundiéndonos irremisiblemente en el estado de la barbarie. Los gobernantes deben tomar debida nota de esta situación, pues las masas, en sus desbordes, pueden arrollar también a delincuentes de cuello blanco o que se sientan amparados por el poder. , .
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